Aquí los guiris somos nosotros, así que ese día nos comportamos como tales. ¡Pero en mayúsculas!
Con protector solar en una mano y los tickets de la excursión en masa contratada en la otra empezamos la visita a las Phi Phi islands.
La previsión meteorológica no era muy favorable, aunque las lluvias las daban a partir de las cinco p.m. si si acostumbrados a este formato horario u os espera más de un disgusto... Cruzamos los dedos y seguimos adelante con la excursión.
Estuvo muy nublado durante todo el día y cayeron lluvias intermitentes, pero nada grave.
Por cierto, ¡Estaba perfecta del tobillo! El spray súper milagroso va genial y de momento no me han salido ojos extras ni ha mutado... Aunque aún es pronto para cantar victoria.
El grupo era realmente variopinto, franceses, chinos y sus colores fosfóricos y brillantes, japoneses y las pamelas de señora usadas con mucho estilo por los señores, sudamericanos, británicos, australianos y los fashion victims americanos con bolso de piel bandolera de los que usarías para tomar unas copas con las amigas y una pamela tamaño XXL... Y nosotros claro!
Nuestra guía era una chica llamada Wua Wua, tailandesa, de religión musulmana, por lo tanto, iba con la indumentaria pertinente. Un dato que desconocíamos era que el cincuenta por ciento de la población de Ao Nang profesaba esa religión.
Primera parada: Bambu Island.
Una isla pequeñita de aguas cristalinas, con la orilla adornada por los árboles caídos por el viento y la erosión. Era un paisaje realmente bonito. Pero para nuestra sorpresa no era posible distinguir entre la maleza ni una sola planta de bambú, ya que se encontraban tierra a dentro, y este tipo de viajes dejan muy poco tiempo para la exploración.
Segunda parada: Phi Phi Don (al menos eso dijeron)
Únicamente para comer (a las 11:30 am) en un chiringuito escondido en la parte trasera de algunos resorts, de comida bastante mala... Para acompañar a los spaguetti había una cosa que llamaban "tomato souce" que realmente era sopa de tomate de sobre con algún trozo de tomate naufrago. Nos podrían haber dicho que estábamos en la Conchinchina y también nos lo hubiésemos creído.
Tercera parada: Phi Phi Leh.
Llegamos a la famosa "Maya beach", realmente preciosa, con aguas transparentes y resguardada de montañas y selva, pero... La belleza puede ser una carga muy dura y estaba atestada de speeds boats repletos de turistas, como nosotros claro! Y, a mi parecer, le quita todo el encanto al paraje. Pasamos por la Viking cave, no pudimos entrar en el Big Lagoon ya que la marea estaba muy baja y el barco no podía entrar. Paramos a bucear y pudimos ver peces de colores, erizos, alguna morena y mucho coral muerto.
Para acabar, hicimos otra parada en mar abierto para nadar y bucear, pero esta vez no se veía casi nada.
Al llegar al hotel, recogimos las maletas de consigna y como no teníamos habitación, paramos a tomar una chang en un bar y aprovechamos para asearnos un poco en el servicio y cambiamos para no parecer unos indigentes. Quedamos bastante aceptables. Nos dirigimos a la parada del bus hacia Krabi y pasó antes la "van". Va pitando y si quieres cogerla, levantas la mano y para a por ti, nos costó cincuenta bats por persona llegar hasta Krabi. La experiencia es increíble, ver el paisaje de costa y selva que se aleja, charlar con la gente con la que compartes la van... Muy recomendable y barato.
Buscando nuestra Guesthouse nos encontramos con una fachada de colores, en la planta baja estaba la recepción/sala de estar de la familia que lleva el albergue/tienda de ropa y complementos.
El encargado es un encanto, nos ayudó en todo. En cada rellano de la escalera a las habitaciones, te encontrabas con un gracioso mural pintado en la pared. Subimos y nuestra habitación era una muy pequeña, sin ventana, sin armario ni nevera. Sólo la cama, un lavabo de obra y un baño/ducha: el bañducha. La habitación, a pesar de ser básica profunda, estaba muy limpia, tenía aire acondicionado y transporte al aeropuerto y un precio muy bajo, tenía todo lo que buscábamos para dormir un par de horas.
Así que decidimos asaltar la WiFi con la intención de comprar unos billetes que nos sacaran de unas islas atestadas de turistas, con unas previsiones meteorológicas francamente preocupantes, y la rotunda negativa de Javi a subirse a un barco más tiempo del estrictamente necesario. Pero el horario de los tailandeses volvió a jugarnos una mala pasada, la extraña manía de los bancos españoles a enviarte mensajes de texto, al detectar transacciones fuera del país, nos parece francamente curiosa, ya que sí como nosotros desconectas tus comunicaciones para salir del país no tienes posibilidad alguna de confirmar pagos, al intentar contactar con alguno de los teléfonos de las compañías aéreas, para comprar billetes en lo que yo llamo, el método del telégrafo indio, solo encontramos mensajes pregrabados en un perfecto y magnífico tailandés, que tras minutos de tensa espera y la supervisión de la mujer del recepcionista, conseguimos entender, que en un inglés digno del más ebrio de los hooligans, no había nadie para atendernos y que lo intentáramos a unas horas más decentes...
No se si fueron mis ojitos llorosos al imaginarme en un barco en medio de una tempestad tropical cual capitán pescanova o las maldiciones en voz alta de Eva, al perder la señal de la WiFi mientras intentaba por enésima vez ponerse en contacto con algún responsable bancario que pudiera solucionar la situación, pero nuestro recepcionista quedó conmovido/asustado y decidió tomar cartas en el asunto...
Minutos más tarde me encontraba surcando el asfalto a una velocidad endiablada, subido en el precario portabultos de una vieja scooter, donde el heroico recepcionista, recorría calle tras calle buscando, alguna agencia de viajes abierta... Al final, la encontramos... Bueno más o menos...
Había luz en la trastienda, los insistentes golpes en la barrera, hicieron visible momentáneamente la cabeza de un hombre de unos cincuenta años, que, tras unas cuantas palabras a gritos en tai, y muchos aspavientos por parte del, ahora nuestro anfitrión. Nos permitió acceder al interior del establecimiento, estaba cenando unos tallarines de sobre, mientras miraba Tailand got talent! El tú si que vales de por allí, y todo ello mientras lucía poco más que una vieja camiseta de dormir, y unos calzoncillos de dudoso color blanco...
Con los billetes de avión en mano, fuimos a cenar algo a los puestos de los alrededores y de vuelta al hotel que al día siguiente toca levantarse a las 03:30am.