martes, 17 de noviembre de 2015

Bangkok 1.4

Tras comprobar que en este país realizar algún tipo de transacción comercial después de las 18:30 es virtualmente imposible, decidimos con gran pesar abandonar la idea de la excursión a las cascadas de Kanchanaburi, donde por un precio, que a priori nos pareció desorbitado, nos ofrecían paseo en elefante a parte de descenso en canoas de bamboo.

Esa misma mañana, y con toda la ilusión de nuestro pequeño y ya casi bangkokiano corazóncito, abandonamos el hostal donde habíamos dormitado la noche anterior con una reserva en un pequeño y coqueto hotel de estilo asiático, próximo a los canales, si los mosquitos aún no habían hecho mella en nosotros, pronto tendrían su oportunidad.

Recogimos nuestras inexplicablemente cada vez más pesadas maletas, y haciendo adiós con la manita, y rechazar a varios tuk-tuk tours, y taxistas que rehusaban encender el taxímetro, encontramos a uno que dispuesto a encender el polvoriento taxímetro para nosotros y llevarnos a nuestro destino, al menos una de las dos cosas si que cumplió.

Tras aproximadamente diez minutos de, el típico miedo a una muerte prematura que recorre el cuerpo del viajero en cualquier trayecto en transporte público en Bangkok, el taxista decide que el trayecto ha acabado, aparca en la cuneta de una céntrica calle y nos dice, en un inglés digno de estudio, que el hotel debe andar cerca, y que podemos ir andando, ni súplicas ni amenazas sirvieron de nada, y ante las posibilidad de que al bajar del coche saliera despedido con  muestras maletas aún en el maletero descargamos las mochilas y nos dispusimos a recorrer los escasos metros, que según el , nos separaban de nuestro hotel, una hora más tarde con un sol de justicia recordándonos que el sobrepeso en las maletas se paga caro, y tras recorrer una a una todas la pequeñas calles que recorren los canales próximos a Khao San Road, por fin alcanzamos nuestro objetivo.

Una habitación doble, limpia, y con la suficiente presión de agua en la ducha, no estaba caliente, pero daba igual… Teníamos un pequeño balcón con unas soberbias vistas a los patios traseros de los puestos callejeros del otro lado el canal, así como a un puente que comunicaba las calles entre los canales… donde todos los transeúntes alimentaban a unos gigantescos peces de aspecto amenazador que agradecidos salpicaban en el agua, ante las risas de los niños de los puestos de comida.

Tras rociar la habitación con lo que aún sigo creyendo es una dosis tóxica de antimosquitos, nos duchamos y despertamos nuestras ganas de explorar la ciudad, ese día teníamos claro que queríamos recorrerla de lado a lado, como los auténticos tailandeses. Así que nos acercamos a una oficina de atención turística para obtener un plano detallado de la ciudad y tras marcar unos objetivos abarcables, pusimos rumbo a uno de los puertos del canal principal, en el que por tan sólo catorce bats, unos treinta céntimos de euro al cambio, recorrimos a una velocidad pasmosa la media docena de paradas, que junto a locales y extranjeros, decoraban los laterales del canal mientras recorríamos a toda velocidad la silueta cambiante de templos, chabolas y rascacielos casi a partes iguales, desembarcamos y nunca una expresión fue tan literal en uno de los puertos que comunicaba con la estación de tren aéreo, el skytrain te permite recorrer los barrios de una Bangkok moderna llena de oficinas y centros comerciales, desde el cielo, es una excursión altamente recomendable ya que por algo menos de un euro puedes recorrer completamente la línea de tren, pagando algún pequeño suplemento por detenerte en estaciones no planificadas.

Decidimos entonces parar en uno de los más famosos centros comerciales de todo Bangkok, el “MBK” recorrimos los stands y nos dimos el capricho de comer sentados en restaurantes internacionales mientras el aire acondicionado nos refrescaba sobremanera.

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