miércoles, 18 de noviembre de 2015

Krabi y el taxista valiente

Fue día de traslado desde Bangkok a Krabi, por suerte, aplicaciones como skyscanner te permiten encontrar vuelos asequibles de última hora. Descubrimos la sala Lounge de Bangkok Airways. Esta compañía dispone de una sala para el descanso y espera de sus pasajeros, con mesas, sillas, butacas, muchos enchufes para cargar aparatos y mucha comida y lo mejor de todo es que es gratis.
Al llegar al aeropuerto de Krabi cogimos un taxi, ya que el hotel está un poco lejos, en Ao Nang.  Al no disponer de tarifa de datos, error que no volveremos a cometer, no pudimos indicar más datos al taxista que los que aparecían en la confirmación de la reserva de booking, el taxista no conocía la calle que figuraba en la reserva, cosa que al poco se hizo evidente, tras unos tensos minutos de subidas y bajadas por caminos de tierra muy mal, o incluso nada iluminados, pareció que nos encontrábamos de camino a una zona de resorts, una sensación helada nos recorrió la espalda, pese a no ser demasiado tarde, sobre las ocho de la tarde, la noche ya es tan cerrada que toda la iluminación de la que disponíamos eran los focos del taxi y el brillo enfermizo de unos antiguos rótulos de neón, que por suerte no anunciaban el nombre de nuestro hotel,  el taxi se detuvo, y yo automáticamente. Le pregunté con voz temblorosa al taxista .- Is this a good hotel to stay? La única respuesta del taxista fue girarse en mi dirección y soltar una risita nerviosa que me daba a entender, o que éramos las próximas víctimas de un taxista tailandés psicópata, o que él tampoco tenía el valor suficiente como para bajarse a comprobar la dirección. Hizo una sonora maniobra en el aparcamiento de uno de los resorts más iluminados, alumbrando directamente a una zona ajardinada, que por desgracia reveló muñecas clavadas en los troncos de una de las palmeras más voluminosas, en lo que aún no se cómo calificar, si de acto de valor inconsciente o simplemente de inconsciencia, el taxista abandonó la relativa seguridad del coche y se dirigió hacia la penumbra de los hoteles más apartados, yo tenía claro que de ese vehículo no me sacarían con vida, Eva encendió la linterna de mano y bajándose lentamente, comenzó a caminar en dirección hacia otra de las puertas de los hoteles aparentemente abandonados, mientras yo me agarraba fuertemente a la puerta del taxi. El taxista apareció de entre la maleza haciéndonos sonoros aspavientos,  para que entráramos de nuevo en el coche, abandonamos aquel sitio a toda velocidad, y ni al día siguiente con luz, fuimos capaces devolver para hacer fotografías a las muñecas de la maleza.

Minutos después encontramos nuestro hotel, descargamos las maletas y después de decirle adiós a, un ya más relajado taxista, nos adentramos en la recepción de nuestro hotel para encontrar un letrero, donde aparecía un número de teléfono y a nadie para consultar...

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