martes, 17 de noviembre de 2015

Bangkok 1.3

Dejamos el hotel Tanee place en Khao San Road y nos trasladamos al llamado Arom d Hostel, justo en frente del Wat Po, para cambiar de zona y probar otro hotel... ¡Vaya decepción! Es cierto que la ubicación era inmejorable y con unas vistas que te dejaban anonadado, ya que nuestra habitación tenía tres "balconcitos" que daban al Wat Po, que estaba justo en la acera de enfrente y tanto de día como de noche, con los templos iluminados, era de ensueño. Pero eso es lo único bueno que tenía el hotel. El precio fue bastante elevado para lo que ofrecía, no entraba desayuno y de todo el personal sólo uno hablaba un poco de inglés, por lo que la comunicación se hizo difícil. 
Una vez salvado el tema del idioma y localizada nuestra reserva (no la encontraban...) nos dicen que hasta las 14:00 no podemos entrar en la habitación (y verla tampoco, claro) así que dejamos las mochilas en consigna y nos disponemos a descubrir  el Wat Po.

Pretendíamos estar visitando el Wat Po o Buda Tumbado no más de una hora, ya que "¿cómo vamos a estar mirando a un Buda Tumbado toda la mañana?"... No podíamos estar más equivocados!! Si ayer nos quedamos prendados del Gran Palacio, casi me atrevería a decir que nos gustó más el Wat Po. El complejo se compone del Buda Tumbado y de diversos templos con sus respectivos budas, bibliotecas etc. La entrada vale una quinta parte de la del Gran Palacio y no tiene nada que envidiarle.
Es impresionante, inmenso...

El Buda tumbado te deja sin habla...

La sensación de estar a su lado y sentirte diminuto e insignificante es sobrecogedora. Dio la casualidad que estaban restaurándole los pies y no pudimos ver esa parte de la estatua, pero en cambio, vimos el trabajo del restaurador. Como cortaban pedacitos minúsculos de nácar para reparar la ornamentación dañada. Tras ver todos los edificios del complejo, nos dirigimos a la escuela oficial de masajes, en el mismo recinto, dónde nos brindamos el placer de una hora de masaje tailandés de cuerpo entero cada uno. Fue estupendo, pero... menuda fuerza tienen las tailandesas!!, parecen pequeñitas y poca cosa... Pues no te hacen daño ni nada! Parece que te van a atravesar la pierna con el codo. Eva estuvo en dos ocasiones por pedir que parara, menos mal que no lo hizo porque al acabar estaba como en una nube, dolorida pero entre algodones.

Fuimos al hotel a instalarnos y... Nos empiezan a subir por unas escaleras estrechas, tenebrosas y malolientes... Sobre todo en el segundo, dónde parece que se ha caído un trozo de techo y dónde Javi asegura, vive una urraca. La habitación "aparentemente" no está tan mal. Pero empezamos a mirar...la cama es antigua, con dosel, pero con sentarte hace unos ruidos que parece que va a venir la policía, la ducha no tiene presión ninguna (Eva se queda mirando la ducha un rato, intentando adivinar cómo aclararse el pelo con un hilo de agua), el agua sale fría (al día siguiente, justo antes de irnos, descubrimos cómo se ponía el agua caliente), había hormigas en la cama, la maldita urraca de Javi no paraba de molestar y suma y sigue.

Dejamos los problemas de la habitación a parte y fuimos a comer algo. Coincidimos con la salida de los niños de un colegio que teníamos al lado. En lugar de poner puestos de chuches o patatillas a la salida de los coles, lo que nos encontramos son puestos de comida para los niños. Todos los niños salían corriendo, con sus uniformes azul marino y sus camisas blancas perfectamente planchadas. Todas las niñas lucían trenzas, ya fuese una sola o una a cada lado. Todos ellos se agolpaban en los puestos de pinchitos, sopas, pad thais, rollitos... para comprarse algo para comer e irse a casa con su recompensa. Nosotros, que ni somos niños ni llevábamos uniformes, pero nos unimos al banquete, disfrutamos de lo lindo ya que estaba todo delicioso y muy muy barato.
De casualidad encontramos un mercado tailandés, destinado para locales. Dimos una vuelta y nos sentamos en una mesa para degustar unos pad thai auténticos. Fue una gran experiencia, compartimos mesa con la dueña del puesto mientras que sus niños jugaban a nuestro alrededor. Sorprendí a Javi tomando medidas de un hule de doraemon para la mesa de casa.

Por la noche fuimos al Mercado de las flores, al lado del hotel. Muy recomendable caminar por toda la calle principal y perderse entre los puestos puestos, literalmente, ya que ponen tantos puestos que no dejan sitio para caminar por la acera y se comen un carril de la carretera. Unas estampa inolvidable. Hemos aprendido a decir gracias "Ko Kun Jaaaaa" si lo dice una chica y "Ko Kun Jaap" si lo dice un chico.
Paseando dimos con una terraza a las orillas del río Chao Praya muy bonita, así que allí nos quedamos para tomar una Chang fresquista.
Me picaron cuatro mosquitos en cuestión de dos minutos!
De vuelta al hotel, nos paramos en un puesto a tomar una cerveza LIO, esta no la habíamos probado! Y charlamos con el dueño un rato, nos intentó colar una excursión para guiris, pero no coló.

Nos fuimos a dormir con las hormigas, esperemos que el time lapse merezca la pena.

1 comentarios:

Lo del hule de doraemon me ha encantado jajaja

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