Railey, allá vamos!
Nos subimos al Loang boat que nos llevó a la península de Krabi, el camino es corto y aunque no hay otra forma de llegar, vale la pena ya que el paisaje es espectacular. Rocas calizas que sobresalen del agua, Loang boats que van de aquí para allá dejando su estela en el agua y... Ya vemos la playa!
Era de arena exageradamente fina y blanca, según nos cuentan por la erosión del coral, el agua transparente y descubrimos a los pequeños cangrejos que al enterrarse en la arena, dejan un mosaico de esferas similar a un tapiz de lo más elaborado.
Hicimos todo el recorrido que nos indicó Alex, el guía del hotel. Muy acertado, por cierto, encontramos una playa en la que sólo estábamos nosotros! Al mediodía, tras reponer fuerzas en un bar de bambú y cojines en el suelo, cogimos el loang boat de vuelta.
El plan era descansar por la tarde e ir al mercado nocturno a dar un paseo, pero a las cinco empezó a llover y ya no paró en toda la noche. Pero Eva, que es muy organizada, viendo que nos íbamos a quedar en la habitación, aprovechó para torcerse el pie en un escaloncito y así aprovechaba la tarde, que no se diga! Sólo fue el susto, después de hielo cada rato y de un spray súper poderoso tailandés, que te convierte en Hulk, estuvo estupenda. Yo sin embargo recorrí las calles de Ao Nang, mientras el precario paraguas que me prestaron hacia aguas, mientras buscaba el milagroso elixir en forma de aerosol...







2 comentarios:
Madre mía, para veros! Jajajaja Menos mal que quedó en un susto, pero ya sabes, la torpeza de Eva se tiene que manifestar de vez en cuando. Un beso muy grande para los dos!!
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